sábado, 9 de mayo de 2015

MI PRIMERA ORGÍA


Ver a desconocidos follando y siendo follados mientras otros desconocidos te follan a ti: la gran fantasía sexual de muchas y de muchos. Si, además, tu pareja está en ese grupo, el morbo se dispara. Mientras tecleo esta nueva entrada, crece en mi interior la convicción de que esta variante sexual, la orgía o sexo en grupo, constituye muy probablemente la práctica sexual socialmente peor tolerada, el gran tabú, y cuya ruptura, en consecuencia, puede proporcionarnos cotas de placer jamás experimentadas antes.






Han sido varios los amigos del blog los que me han preguntado, en emails privados, si he participado en alguna orgía. Mi respuesta para todos ellos ha sido siempre la misma: "naturalmente que sí, ¿tú todavía no lo has hecho?". El cine se ha ocupado de sofisticar hasta extremos ridículos la evidente privacidad en la que debe llevarse a cabo el sexo en grupo, asemejándolo a un encuentro clandestino de reminiscencias masónicas (véase Eyes Wide Shut, con Tom Cruise y Nicole Kidman). 






¿Puedes imaginarte a ti mismo como uno de los protagonistas de una escena como la de la fotografía de encima, eligiendo a tu antojo con quién, de qué sexo y en qué forma jodes, sin más límites que tu saciedad y agotamiento personal, mientras te rodean decenas de personajes desnudos que gimen, se contonean y se corren a placer?... No puedo verte el rostro, pero adivino tus emociones. Son pocos los que no se unirían al grupo, no me cabe duda. 



Hoy en día, quien busca encuentra. Cualquier cosa. Y si no das con ello, ten por seguro que está ahí, pero que no conoces el camino correcto para alcanzarlo. Y las orgías no son diferentes. Teclea en Google "busco gente para orgía", establece los filtros adecuados (en esto necesitas un poquito de práctica) para descartar engaños, y verás el resultado.

Han pasado muchos años ya desde mi primera orgía. En aquella época Internet estaba aún en pañales, y las convocatorias a orgías no se publicaban en ningún sitio, así que te invitaban por azar, o por el tipo de gente con la que te relacionabas.






Sucedió en el verano antes de empezar en la Universidad. Con dieciocho años, mis experiencias sexuales aventajaban años luz a las de una mujer madura de hoy día, pero todavía no había participado en una orgía, y la curiosidad me devoraba. Mi novio de turno por entonces era Alessandro, un veinteañero estudiante de Ciencias Políticas con un apetito sexual que competía con el mío. De hecho, siempre que le recuerdo, me lo imagino metido a chapero (así les llaman a los putos gay en España), en un intento de satisfacer sus necesidades carnales. Pues bien, en los intervalos en los que Alessandro no tenía su polla dentro de mi cuerpo, husmeaba por los arrabales de la Uni, a la caza y captura de lo que él llamaba "oportunidades". Y surgió una buena oportunidad. "¿Te apuntas a una maratón de polvos?", me soltó una tarde. Ante la interrogación dibujada en mis ojos, continuó: "una orgía, mujer; unos colegas de la Uni, de ideología libertaria, lo quieren probar, y están invitando a unos pocos amigos con mente abierta e ideas claras". Huelga decir que llegamos los primeros a la cita.







Todo transcurrió de un modo más natural de lo que esperaba. Sin reglas, salvo la libertad individual: nadie puede ser forzado a hacer nada que no desee hacer. A partir de ahí, todo vale. 

Una música bailable de fondo amenizaba el encuentro, que tuvo lugar en el apartamento de Roberto, colega de Alessandro, un hermoso ejemplar latino con una planta impresionante, que llevaba colgando de su brazo a una pelirroja con gesto huraño pintarrajeada sin criterio alguno. "Será el primero que me tiraré", le dije a aquella furcia con la mirada. Completaban el grupo una decena de chicos y chicas, de edades similares. 

Unos quince minutos después, una de las chicas, sin mediar palabra, se despojó de sus jeans y empezó a masturbarse en el sofá, lanzando miradas de perra en celo a su alrededor. Aquel resorte izó todas las banderas del cuartel, y en segundos la estancia se pobló de vergas enhiestas con la cabeza descapullada. Alessandro se abalanzó sobre la guarra del sofá, y le metió su polla en la boca, muy profundamente, asiéndole la cabeza con ambas manos y empezando a bombear salvajemente. Al verle derramando su semen sobre el rostro de la chica, sentí una oleada de flujo vaginal resbalándome piernas abajo. 

Me agaché para bajarme los pantalones, y alguien aprovechó para metérmela desde atrás. Gemí de placer al volverme y ver a Roberto, que entraba y salía de mi coño mientras me frotaba, ansioso, vulva y clítoris. Aquel macho imponente alternaba la penetración vaginal con la anal con maestría. Su pelirroja me miraba con odio, pero al notar que una compañera de clase empezaba a comerle el coño, se relajó y nos dejó hacer.






Cuando pensaba que estaba a punto de correrme, vi otra vez a Alessandro, metiendo y sacando la lengua del coño de Sara, una ex suya que también estaba por allí. En esas andaba, cuando se le acercó por la retaguardia Carlos, un amigote de correrías nocturnas, empalmado como un león. Sin pedir permiso, le agarró las nalgas, y en un instante las abrió y empezó a lamerle y dilatarle el ano. Alessandro parecía disfrutar como nunca. Tampoco protestó cuando Carlos le ensartó; siguió entregado al cunnilingus con Sara. La respiración y los gemidos de placer de los tres se fundían en uno solo.

Aquello fue el detonante de uno de los orgasmos más explosivos de mi vida. Creo que no hay nada comparable. La fiesta se prolongó hasta bien entrada la noche, sin normas ni horarios, sin vasallajes ni compromiso: libertad sexual absoluta para gozar y dar placer.






Hablamos muy poco en la vuelta a casa. No había reproches que hacer; nuestra relación era tan efímera como un orgasmo. Y eso fue lo que duró. Por lo que supe tiempo después, Alessandro repitió con Carlos, y se embarcó para siempre en un viaje sólo de ida con él.

Me despido de vosotros hasta el próximo post, queridas y queridos.




















1 comentario:

  1. Una fantasía en donde todos queremos estar
    Att. trendemedianoche69@gmail.com

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Me interesan tus pensamientos, tus deseos y fantasías. No te cortes y cuéntamelos. En mi blog, no existen los tabúes ni las inhibiciones.